Zafary.
Zafary
Colombia, 2002
Formato: happening televisivo / programa de televisión
Duración: 30 minutos diarios, emitido por Canal 13
Concebido por la artista plástica y realizadora Lucy Tatiana Galvis Peñuela, Zafary fue inicialmente un happening participativo que integró bandas de rock, ONG’s y colectivos juveniles. Su traslado directo a la televisión, sin mediación de galerías o museos, lo convirtió en una experiencia pionera: un programa abierto a la improvisación, la intervención libre y la creación colectiva.
Emitido diariamente a las 9:00 p.m., con una audiencia que superó los 600.000 televidentes por noche, el proyecto se distinguió por su set performático —andamios, escaleras, luces de neón— y por un grupo multicultural de presentadores que desafiaba los imaginarios dominantes en los medios. Más allá de la pantalla, Zafary derivó en conciertos, toques y campañas sociales, consolidándose como un espacio de resistencia estética y política, hoy legible en clave decolonial e intergeneracional.
Zafary: happening televisivo y acción colectiva
Zafary surgió como un happening antes de ser programa de televisión. Su origen estuvo en la voluntad de crear un espacio de acción participativa, abierto a la intervención de bandas de rock, colectivos juveniles y organizaciones sociales. La propuesta buscaba romper los moldes del espectáculo televisivo para convertirse en un escenario de libertad creativa, en donde la improvisación, la irreverencia y la apropiación colectiva marcaron su pulso.
Emitido por Canal 13 en el año 2002, el programa alcanzó una audiencia de más de 600.000 televidentes cada noche, pero su mayor singularidad radica en su concepción como happening: un acontecimiento abierto, vivo, en el que “todo podía suceder”. Más que un programa, Zafary fue una experiencia colectiva.
El set mismo funcionaba como dispositivo performático: un andamio que permitía tomas aéreas y daba protagonismo al espacio vertical; una escalera que se convertía en escenario de tránsito y juego; un lugar preparado para que las bandas montaran su propia puesta en escena con batería y sonido en vivo. Las luces de neón en tonos amarillos, azules y fucsias acentuaban el carácter desenfadado de la atmósfera, cargada de energía urbana y contracultural.
El programa fue conducido por un grupo heterogéneo y multicultural: Andrés Pantoja, indígena; Miguel Corso, joven calvo de tez blanca; junto a Carlos Martínez, Juan Manuel Merlano, Óscar Santos, y bajo la creación y dirección de la artista plástica y realizadora Lucy Tatiana Galvis Peñuela. Esta diversidad de voces y cuerpos contrastaba radicalmente con los imaginarios dominantes en los medios de comunicación, abriendo espacio a otras formas de representación juvenil y a un diálogo intergeneracional en el que también participaron niños y adultos mayores.
En su dinámica, Zafary no solo rompió con los convencionalismos televisivos —al mantener un ritmo vertiginoso, lleno de improvisación y humor— sino que se proyectó fuera del set, impulsando conciertos, toques y campañas sociales, especialmente vinculadas a la defensa de los derechos humanos. Este carácter expansivo se vio fortalecido por el marco conceptual aportado por el historiador Carlos Arturo Reina Rodríguez, cuyo trabajo sobre la historia de los jóvenes en Colombia sirvió como eje para comprender y amplificar la potencia política de la propuesta.
En retrospectiva, Zafary puede leerse como un acto de resistencia estética y política, un espacio televisivo que funcionó como happening colectivo y como dispositivo decolonial, en tanto desplazó la noción del espectáculo unidireccional hacia una práctica viva, participativa y situada. Su paso directo por la televisión, sin circular previamente por galerías ni museos, explica en parte su ausencia en la historia del arte contemporáneo; sin embargo, su legado debe ser reconocido como una de las experiencias más singulares de cruce entre arte, televisión y acción social en Colombia.
Texto con ayuda de IA.
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